“Don’t read my diary when I’m gone. OK, I’m going to work now, when you wake up this morning, please read my diary. Look through my things and figure me out"

- Journals, Kurt Cobain

   
"Just a boy and a little girl
Trying to change the whole wide world
Isolation
The world is just a little town
Everybody trying to put us down
Isolation"


jueves, 19 de septiembre de 2013

Corona de sangre

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Somos inescrupulosos. Somos perecederos. Somos letales.
Fuimos expulsados del burgo por ello. Poblábamos las calles de miedo y realizábamos las hazañas que cualquier vasallo imagina, entre sueños, cuando la oscuridad los obliga a golpear sus carnes con los duros catres, cada día después de servir a sus mezquinos amos. Sólo que nosotros nunca fuimos vasallos. 
Todos los años hay un gran juicio en Seán. Todos los forajidos aprisionados durante esa temporada son juzgados por una no tan honorable junta de señores feudales. Somos agradecidos, porque sabemos que en otros lugares no hay más opción que derramar las entrañas en la Plaza Central. Pero en el pequeño burgo de Seán, los forajidos elijen: muerte o exilio.
Como podrán suponer, hemos elegido vivir el resto de nuestros días vagando en el mar con un par de excéntricos seres al timón. Claro que los humanos no se dignan ni a pisar el mismo suelo que un par de inescrupulosos malhechores, como ellos dirían. Así, mandan a éstas extravagantes y metamórficas criaturas a comandar los barcos del anual exilio, porque tampoco los aceptan dentro de su amurallada fortaleza.
Aprendimos a convivir con ellos, pues son también exiliados de ese patético y rutinario circo cada año. Dragones, elfos, hadas, ninfas, minotauros, centauros, gnomos. Centenas de seres incomprendidos que alguna vez divagaron por la Tierra pero ahora son condenados por querer conquistar proezas del hombre.
Tufus, un fauno de singulares cuernos y ruidosos cascos, comanda la nave desde que abandonamos Seán. Junto con otras criaturas nos contó su plan al poco tiempo de abandonar tierra firme. Claro que no pensaban deambular por el mar eternamente.
Nos dirigíamos a Adeliz, una enorme ciudad amurallada, repleta de palacios, donde los plebeyos plagan las callejas, humillados por la realeza y sus grandes señores. No sabíamos exactamente cuál era el objetivo, pues sólo contábamos con los cañones de defensa de la nave para atacar. Pero sí sé que detesto todos esos castillos y a los fanfarrones que los habitan, copiados dos a dos, con sus grotescos atuendos y sus  seculares modales.
Las reinas y señoras son todas idénticas. Llevan pomposos vestidos que hacen que sus cuerpos luzcan iguales y enormes adornos en sus cabezas, que no dejan ver sus cabellos y que tal vez, con su peso, atrofien sus cerebros hasta el punto de dejar sólo lo necesario para encarar sus preocupaciones diarias, es decir, la nada misma.
En la bodega del barco encontramos algunos cacharros metálicos que llevamos puestos como armaduras, de las más singulares formas. Algunas planchas de lata, un tanto oxidadas, quedaron disponibles para ser utilizadas como escudos, y algunas maderas fueron tomando  forma de lanzas, con un poco de trabajo.
Debo confesar que aunque los demás no tenían ni idea de cuál era realmente el plan, yo sabía claramente lo que iba a hacer. A través de mi improvisado yelmo lograba ver, aunque con dificultad, que la costa estaba a unos doscientos metros y las murallas se encontraban a un kilómetro o más.
Me acerqué lentamente hasta el único pegaso en la tripulación, Finbar, y me preparé para descender del barco. Intrepidez corría por mis venas y sentía que estaban a punto de estallar.
Una vez que nos encontrábamos en la orilla, Tufus abandonó el timón y comenzó a vociferar:
- ¡Compañeros, humanos o no, estamos juntos en esto! Vamos a atacar Adeliz, por rencor a sus principales o por sed de sangre y temeridad. ¡Atacamos por lo que somos, y no nos podemos arrepentir por lo que so...- Tufus miró, estupefacto, hacia las murallas, terror derramándose de sus pupilas. Desde lo alto de la muralla, centenares de arqueros se preparaban para contraatacar.
Descendimos rápidamente y, con urgencia, monté a Finbar. Observé a mí alrededor, mis compañeros de celda, cayendo ya entre las rocas, estampándolas de sangre con sus cráneos detonados. Mientras tanto, el afable aroma de carne en combustión llegaba desde lo más alto. Nuestros dragones, con los más llamativos colores en sus ásperas pieles, estaban carbonizando los cuerpos de los arqueros, abriendo sus fauces y encendiendo sus cabezas. Los arqueros se movían desesperadamente, sin poder visualizar dónde se encontraban, intentando apagar el fuego que los consumía tan sagazmente. Varios de ellos caían, en llamas pero aún vivos, al suelo.
No necesité observar más para indicarle a Finbar que era hora, que íbamos a tener que volar. Le señalé un área de arqueros en llamas, para evitar los ataques y el pegaso abrió sus alas de par en par, en la inmensidad del firmamento. Sobrevolamos la muralla encendida y nos dirigimos a la única construcción que se elevaba en la colapsada ciudad: la torre del castillo real.
Me escabullí detrás de las almenas de la construcción y respiré profundamente. Quería creer que lo peor había pasado. Intenté descansar unos minutos pero me sentía incómoda en mi parca armadura. Comencé a quitarme de encima todas esas baratijas y las acomodé en una de las esquinas de la terraza. Finbar ya se encontraba dormitando, tirado en el suelo, a mi derecha.
Me detuve para contemplar serenamente mis alrededores en busca de una manera de entrar a la fortaleza desde la terraza. A unos metros encontré una especie de escotilla que sobresalía del nivel del piso. Sin dubitar, fui a buscar uno de los objetos metálicos que empuñé como lanza y comencé a forzar la puerta cuidadosamente, para no hacer demasiado escándalo. En muy poco tiempo, conseguí levantarla completamente, dejando la abertura descubierta.
Lo que me encontré al mirar hacia adentro fue la más densa oscuridad. Supuse, acertadamente, que en la penumbra debería encontrar unos cuantos sombríos peldaños. Apoyé mi mano derecha en la pared y comencé a descender, sigilosamente, intentando calcular con frialdad absoluta dónde se encontraría el siguiente escalón.
Mi mano, que seguía apoyada en la pared, percibía un leve giro. Me encontraba en una escalera de caracol.
De repente, comencé a descubrir un tenue resplandor debajo de mí. Era evidente que mi descenso estaba llegando a su fin. También comencé a oír voces muy a lo lejos. ¿Serían las esclavas?
Al fin de las escaleras había una enorme arcada que daba a una descomunal sala adornada en los más soberbios tonos. Casi todo en la habitación brillaba con ese dorado resplandor que caracteriza a los metales preciosos que alegran el alma de la realeza. Mientras tanto, una mujer de más de cuarenta años, con la cara demacrada y unas ojeras más grandes que sus ojos, se paseaba por el lugar con una escoba. La mujer estaba vestida con un ridículo traje y, más allá de que seguramente hacían que vistiera así todos los días, parecía incómoda en él.
Esperé a que siguiera su camino, fuera de la habitación, para cruzar. Seguí deambulando con sumo cuidado. Me paseé por todo planta baja, recorrí los compartimentos de punta a punta sin escuchar un solo suspiro. Hasta que en vi una puerta cubierta de relucientes ornamentos, parcialmente cerrada. Sin pensarlo deliberadamente, empujé la puerta un tanto lejos de su eje y ésta se abrió de par en par.
De espaldas, frente a un enorme espejo, se encontraba la afamada princesa Deva. ¿O debería decir reina? Su madre murió dando a luz, allá por 1401, y partir de entonces, su padre había persistido solo en el trono. Hace unos años, creo que en 1450, ya consumido por la madurez, sucumbió ante su reino. Su única hija, Deva, tiene el mando en sus manos, pero no es muy reconocida en el ámbito real.
Por supuesto, una mocosuela criada entre cántaros de oro y sábanas de seda no tenía en su mente demasiadas intranquilidades y no se preocupaba precisamente por su reino. Esta necedad se reflejó en ese mismo momento, en el cual preparaba mis manos para llevarlas a su cuello y ella observa su tosca figura tranquilamente en el espejo. De repente, osó a señalar:
- Elisenda, ¿no te he dicho acaso que llames a la puerta antes de… - Sus ojos, desorbitados, se fijaron en mi reflejo. Me apresuré a cubrirle la boca y cerré la puerta inmediatamente, arrastrándola por la habitación. Intenté obstaculizar la puerta con un lujoso mueble que se encontraba cerca y me precipité sobre ella, apretando fuertemente mis pulgares en su tráquea. Deva lograba aún emitir un jadeo constante pero no se resistía demasiado al ataque, más que moviendo sus encaprichadas piernas por debajo de las enaguas. Un sonido seco llegó a mis oídos y observé como los ojos de la joven reina quedaban completamente blancos, acompañados por la caída de sus extremidades como un peso muerto contra el piso. Qué pena, una vida floreciente tan rápido extinguida…
Ya había logrado completar una gran parte de mi plan. Sólo quedaba el más osado de los objetivos. Pero si logro triunfar en ésta ocasión, no necesitaré preocuparme nunca más, así como las princesas paseando ridículamente en sus vestidos pueden despejar su mente con cada paso que dan.
Intenté tomarle el pulso a Deva, pero me encontré sólo con carne fría e inmóvil. Le quité el gigante adorno con flores de su cabeza y lo coloqué a un costado. No había peligro pues, según sus palabras antes de morir, Elisenda, la que se suponía su criada, tenía órdenes estrictas de llamar a la puerta antes de entrar.
Mantuve la delicada seda de su vestido entre mis mortales pulgares que minutos antes le habían quitado la vida a su dueña. Giré el tieso cuerpo y comencé a desabrochar  los botones de su espalda.
Me vestí y me contemplé en el espejo. El adorno floral cubría todo mi cabello y tapaba una parte de mi rostro.
-Deva, tu ves sumamente elegante hoy.
* * *
Sólo debía deshacerme del cuerpo, tarea que iba a ser un tanto complicada con esclavas dando vuelta por el palacio real. Abrí un armario y me encontré con miles de voluptuosos vestidos. Hice espacio entre ellos y tiré lo que quedaba de la princesa allí, intentando ocultarlo entre las enaguas.
Corrí el mueble que bloqueaba la puerta y me dirigí a la escalera caracol por la que había entrado a la fortaleza. Subí los peldaños incómodamente, las enaguas amenazantes varias veces me hicieron tropezar. Cuando llegué a la terraza noté que Finbar ya no estaba. Parece que esa criatura no estaba hecha para los lujos de la realeza.
Un estruendo, un temblor, sacudió levemente la terraza. Escuché a lo lejos unas insistentes estampidas e intenté localizar la fuente de tal perturbación. Miré hacia las murallas, derramando sangre de los que alguna vez fueron arqueros. Una manada de cuervos rondaba el burgo, y veía como se peleaban, desesperados por obtener un bocado de sus víctimas. Ese fue el momento en el que me di cuenta que todo iba a ser tan fácil esperar a que las voraces aves hicieran su trabajo.
Otro ruido sentí a lo lejos y fijé mi mirada en los grandes portones fijados a la muralla. Me sorprendí al localizar a Finbar junto a nuestros dragones, intentando tirar las puertas abajo. Continuaron el forcejeo, rodeados de burgueses acaudalados que circulaban las calles y que al notarlos rápidamente huían a esconder el dinero que cargaban en los bolsillos.
En unos minutos, los enormes portones de madera estaban completamente en llamas, sólo quedaba esperar que el vigor del fuego los consumiera. Cuando las llamas se extinguieron y sólo quedaron chispas rondando la abertura entre las murallas, puede ver a través del humo que algunos de mis compañeros seguían en pie,  varios de ellos en sus unicornios anaranjados ya por el correr de la sangre que había brotado de las heridas.
Una avalancha viviente entró en la ciudad y comenzó el caos. Mis compañeros de flota, blandiendo sus metales oxidados, causaban destrozos en las construcciones cercanas y varios caballeros del servicio real se acercaban, galopando desde la Plaza Central de Adeliz. Vi a Tufus y a sus amigos los centauros que acababan de salir de una tienda con un montón de cuchillos y comenzaron a empuñarlos, combatiendo ferozmente a todo el que se le cruzaba.
Mientras que la matanza continuaba afuera, pensé en terminar de una vez por todas con esto. Bajé y busqué a Elisenda por todo el palacio, hasta que la noté paseándose con unos trapos, sacándole aún más brillo al mobiliario. Caminé hacia ella y, al notar mi presencia, se arrodilló con la cabeza gacha.
-Diles a los guardias del puente levadizo que redacten una orden urgente y que la entreguen a sus superiores. Quiero que Adeliz deje entrar a los extranjeros desde hoy en adelante. ¿Entendido? – inquirí. La esclava, mi esclava, sólo atinó a afirmar con la cabeza y salió del castillo apresurada, aún con su mirada en el suelo.
Inmediatamente me dirigí a lo que ahora es mi habitación, abrí el ropero y revolví los vestidos hasta que el cuerpo fue visible. Tomé a la antigua Deva por los tobillos y la arrastré por las numerosas salas, buscando, en mi camino a la escalera, un cuchillo. Con celeridad, subí los escalones. Escuché el duro repiqueteo de sus vértebras en los peldaños hasta que llegué a la terraza. Apoyé el cuerpo sobre la pequeña elevación que se trasformaba en las almenas del castillo y me arrodillé, intentando alejar los pliegues de mi vestido. Empuñé mi cuchillo y degollé a la miserable. Algo de sangre aún brotaba de su cuello, aunque había pasado un tiempo desde que su vida se había esfumado.
Seguramente un poco de sangre atraería a las usureras criaturas que plagan el cielo. Miré al horizonte y vi como la disputa continuaba, feroces los combatientes, empuñando armas de todo tipo y con sus brazos cubiertos de heridas.
Me dirigí a la antigua escotilla preparada para descender. No sería necesario mucho tiempo para que empiece el festín de cuervos.




Este relato participa del certamen 





lunes, 12 de agosto de 2013

Tic Tac

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Laberinto de largas ausencias,
incalculables compases 
que taladran mi mente
y completan, desilusionados,
mis horas.

Ficticias certezas que me esperan
y sin dudar me destruyen,
corrompiendo optimismos
y, malditas, sin juicio a mi razón
dejan.

Esperándote aquí yo me encuentro,
con mis sangrientas pupilas
fijas en la pantalla
que ya, centelleante, me adormece
al caer.

sábado, 10 de agosto de 2013

Eterno resplandor

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Hace poco alguien me explicó como se imprimen las entradas de cine. Sólo se trata de una hoja bañada en tinta rodeada por otras dos de papel, a las cuales se les da calor. Eso es lo que las hace tan efímeras. Luego de un tiempo, la tinta termosensible comienza a desvanecerse y nos deja con un pequeño papel en blanco.

No es extraño que a una persona como yo, tan desmemoriada, le guste conservar esas entradas como uno de los más preciados recuerdos.
Me di cuenta, hace muy poco tiempo, que todavía tenía guardada mi entrada de El Origen. Un trozo de papel que sostuvo, durante tres años, un inmenso peso sin siquiera resquebrajarse. La busqué, curiosamente, entre mis pertenencias, pero no la encontré.

Tengo frente a mí un blanquecino resplandor que entona utópicas melodías, que canta sobre un futuro dispar. Y no me importa. 

Sonrío levemente al encontrar mi entrada de Antes de la medianoche y, sin dudar, la coloco en el lugar que solía ocupar el ahora contradictorio y vacío papel. Pero algo me dice que ésta no se va a desvanecer, que no se va a extinguir en las amnesias cotidianas, que esta vez no necesito un papel para cargar con sensibilidades.

miércoles, 3 de abril de 2013

Sin título - Capítulo 1

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Algunas noches atrás, empecé a pensar en esta historia, entre sueños. Hoy me levanté sobresaltada al darme cuenta que inconscientemente continué la historia en mi cabeza. Así fue como decidí que voy a escribir sobre ello. No sé a dónde me lleve esta historia, pero voy a intentarlo. Por ahora, no tengo un título. Se agradecen las críticas honestas (cualquier comentario que quieras hacer, no dudes en escribirlo al final de esta entrada)

...

Sin título
Capítulo uno

Desperté abruptamente esa mañana, recostada sobre el suelo de mi habitación. Mientras intentaba abrir mis ojos, luego de estar sumergidos tantas horas en oscuridad, noté que la ventana estaba abierta y que la luz del Sol invadía cada rincón de mi dormitorio con un sombrío resplandor mortuorio.
Corrí hacia la ventana tratando de no ser vista desde afuera de la casa e intenté descifrar lo que estaba sucediendo. Un sonido de docenas de pies marchando,  al monótono ritmo de siempre, invadió mis oídos. Me apresuré a cerrar la ventana, procurando no llamar la atención de aquellos que se acercaban a mi casa.
Partidarios. Seguramente eran ellos, realizando una de sus revisiones semanales a cada uno de los decadentes barrios de la ciudad. ¿Por qué lo hacen? Si tengo que explicarles quiénes son los Partidarios de la manera más sencilla, creo que los describiría como zombies, incapaces de cuestionarse a sí mismos, sus acciones y, sobre todo, las órdenes de “El Partido”.
Vivimos bajo el gobierno de tiranos desconocidos, a los cuales no podemos asignarles nombres ni rostros.  La gente vive aterrada, y por lo tanto, controlada. Pero muchas veces me he puesto a pensar… ¿quién nos controla? ¿Nadie se pregunta eso?
Tal vez sea algo obvio para mí, pero la sociedad fue preparada para esto, para creer sin cuestionar.
Cuando iba a la secundaria,  comencé a darme cuenta de que El Partido destinaba cada vez menos dinero a la educación.  Esto era esencial para mantenerse en el poder: menos educación significaba menos personas informadas, menos personas que se podrían oponer a su sistema, menos revolucionarios.
Al terminar la secundaria, comencé a estudiar Psicología en la Universidad. Una vez recibida, me encontré en una sociedad llena de locos, pero sin trabajo. La gente se mantenía encerrada en sus casas, impresionada de la cantidad de Partidarios armados marchando por las calles, siempre listos para destruir.
Sí, de eso se trata. Destruir libros, revistas, películas, discos, televisores, radios,  computadoras; destruir posibles insurgentes, destruir todo aquello que simbolice el contacto entre dos humanos. Y si eso los lleva a matar… poco les importa.
Me encontré sumida en mis pesadillas cotidianas unos cuantos minutos, hasta que un ruido ensordecedor me hizo volver a la Tierra. El metal de las armas de los Partidarios chocaba contra la débil madera que constituía la puerta de nuestra casa. Bajé las escaleras descalza, intentando no ser percibida.  Quería asegurarme de que mi hermana Lizzie estuviera a salvo. Nos llevamos 6 años de diferencia y ella tenía ya dieciocho años cuando esto sucedió. Sabía que mi ella estaba en la planta baja, leyendo alguno de los libros que le había prestado.
Cuando llegué al living, me encontré allí con mi madre y mi hermana, todas en silencio, sin moverse. Nos miramos fijamente y decidimos que no había nada que hacer, ya era demasiado tarde. Sólo quedaba esperar.
La madera se quebró y, mientras las astillas se dispersaban por los alrededores, veinte hombres, vestidos con los típicos uniformes color bordeaux, entraban y poblaban nuestro living.  Rápidamente levantaron sus armas, apuntándonos a cada una de nosotras.
- ¿No hay nadie más en el lugar?- preguntó ásperamente uno de los Partidarios sin hacer contacto visual con ninguna de las tres.
Luego de que nadie contestara, decidí que no era momento para lamentar desdichas pasadas y atiné a decir, crudamente:
-          Nadie más. Mi padre está muerto.
“Muerto por su culpa” pensé. Intenté contener mis lágrimas. Vi como el que había hablado le comunicaba a los demás, con la mirada, que podían registrar el lugar.
Cinco rifles me apuntaban directo al pecho. No podía (ni quería) moverme. Supe, en ese momento que debía tomar una decisión.
-  Jaynes, mire lo que encontré… - dijo irónicamente uno de los Partidarios al que nos había hablado, sosteniendo un libro con sólo dos de sus dedos, en señal de rechazo – 1984… de un tal George Orwell, ¿puede ser?
- Mitch, ordena a los demás que desocupen el lugar. Bueno, no es necesario que saquen a estas tres – aclaró el supuesto Jaynes mientras nos señalaba - Quemen la casa.
- ¡No deberían quemar ese libro! – interrumpió, desesperada, mi hermana – Después de todo es lo más parecido a su manual de instrucciones.
Todos los soldados aproximaron sus armas hacia mi hermana, con hostilidad. En ese momento, creí tener la solución. Probablemente mi familia entraría en shock y sería considerada una traidora por el resto de mis días, pero debía hacerlo.
- Esperen – dije a los hombres que me apuntaban, levantando los brazos levemente en señal de rendición – Quiero ser Partidaria.

lunes, 1 de abril de 2013

The dark girl rises

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He decidido volver a mis andanzas literarias. Y he decidido para eso utilizar este blog. Recordé a mis 69 seguidores y, con ayuda de la nostalgia que se apoderó de mi cerebro, tomé la decisión de seguirlos molestando deleitando con mis bellos escritos.

Espero que esto no sea algo momentáneo y que les guste todo lo que pasa por mi mente  (o al menos una parte)

Nos vemos,
Octaviana.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Perfect Day

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Anoche no podía dormir. Decidí escuchar música como hago muy a menudo. Abrí mi celular, fuente de esa felicidad infinita que casi siempre es la música para mí, pero me encontré con la carpeta de Lou Reed. Sí, el CD de Lou Reed que vos me mostraste hace tanto tiempo, Transformer. En ese momento, me pareció una buena idea escuchar la canción Perfect Day. No sabía que al apretar play  iba a comenzar a llorar. Y es que tal vez mi inconsciente quiere sacar a la luz aquello que yo no quiero ni siquiera recordar: tu existencia, lo importante que eras para mí, las largas conversaciones que teníamos, tu risa malévola, tu frialdad.
Y es que nunca me pude olvidar de vos completamente. Por más que me hayas ignorado todo un año, no puedo despegarme de ciertos hábitos como mirar tu last.fm todos los días, abrir tu twitter, tumblr o blog con la esperanza de algún día encontrar algo nuevo. 
Y cuando anoche decidí que hoy, tras levantarme, iba a hablarte; unos minutos después me di cuenta que te fuiste. Ya es demasiado tarde.



(Ya no me importa que lo leas o no. Sería un lindo gesto que vos tampoco te hayas olvidado de ese blog que tenías en los favoritos de tu antiguo celular)

jueves, 8 de septiembre de 2011

A town called hipocrisy

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Me molesta demasiado esta situación. Me molesta que uses este patético método para intentar conseguir lo que querés porque hay gente que desearía no pasar por ello y, sin embargo, vos estás haciendo una especie de parodia mal interpretada y presentando todo como si fuera un absurdo. Es evidente que nunca lo sentiste realmente, porque sino, pensarías antes de hacer toda esta dramatización. Y lo peor es que todos nosotros estamos prestándonos como maravilloso público merecido de tu ridícula interpretación de los más oscuros espejos del alma del ser humano. 

"Save your sympathy
Who do you think you're fooling?
Everything is dead!
Now you welcome me,
To a town called hypocrisy"

jueves, 11 de agosto de 2011

The lights are out and the party's over

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Se terminaron las vacaciones de invierno y, una vez más, no hice nada. En tres semanas sólo leí 3 libros, 10/12 de los comics de Watchmen, hice publicidad a mi diseño para la competencia, toqué la guitarra y dormí. Sobre todo eso, DORMÍ MUCHO y ahora no puedo, quedo despierta durante toda la noche, mirando el techo y el celular a cada rato para controlar la hora. Y las horas pasan, siento el movimiento de las agujas de un reloj inexistente. Llegan las 5 a.m. y me convenzo de que, al quedarme sólo una hora y media para "levantarme", no tiene sentido seguir intentando y camino hacia la cocina para empezar a tomar infinitas tazas de café. Luego tapo mis notables ojeras con algún polvo que encuentre en los cajones de mis muebles. Me mantengo despierta durante el día sólo gracias a eso.
Cuando llego del colegio me quito mi linda máscara y veo mi terrible estado. Hasta mi mamá me mira con expresión de asco y me dice "¡Mirá como tenés los ojos! ¡Mirá tu pelo! ¡Qué desastre!"
Lo peor es que no hago nada para cambiarlo. Me gusta estar así. Amo vivir tan cansada de todo, amo sentirme enferma todo el tiempo, amo tener tantos síntomas inexplicables y no poder hacer nada para mejorar el estado de mis manos porque la vasoconstricción no se va a ir en toda mi vida.

martes, 2 de agosto de 2011

Maybe memories

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La verdad que me siento muy rara. Primero nerviosísima por la votación del concurso y, segundo pero no menos importante, muy feliz por todo el apoyo que estoy recibiendo. Ayer me dormí a las 4 de la mañana porque le mandé a mis 400 amigos en facebook un mensaje con el link del diseño. Perdón si estoy muy molesta pero, en serio, nunca pensé que un simple dibujo (aunque costo días de trabajo) pudiera gustarle a tanta gente o, al menos, ser entendido por tantas personas. Y veo que hay gente que en serio se esta preocupando por ayudarme con esto, aunque sea con lo que pueden, como todos mis amigos y mi tía, que ni siquiera sabe usar muy bien la computadora pero se preocupó por votar mi diseño y lo publicó en facebook para que avisarle a más gente. Para la gente del exterior, "a big THANK YOU for you all" De verdad, gracias a todos, porque aunque no gane, significa muchísimo para mí porque siempre quise superarme y algún día llegar a hacer algo bueno en cualquier esfera del arte gráfico que tanto me cuesta, y este tal vez sea el comienzo. Y además porque tal vez mis artistas favoritos lo hayan visto y podrían, en una muy extraña sucesión de hechos que lleven a completar mis sueños, juzgar lo que hice. Tantas palabras pero sólo tengo para decirles: ¡Gracias! Cada uno de ustedes se merece lo mejor, les debo demasiado. 


Y si no votaste, estás a tiempo. Hasta el sábado puedo seguir recibiendo sus valiosos votos. Tienen que apretar Vote ♥ acá. Si les dice permitir aplicación, pongan que sí. 

sábado, 30 de julio de 2011

May I waste your time too?

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En la entrada anterior les mencioné una remera que diseñe para un concurso de My Chemical Romance. Bueno, hoy comenzó la votación, y necesito que me ayuden. Con la votación de la gente quedan 20 diseños y entre esos la banda va a elegir a los 5 ganadores. La empresa MassCanvas va a hacer esas 5 remeras y la plata que se recaude va a ir para la fundación Make-A-Wish. Para votar tienen que apretar Vote ♥ acá. Si les dice permitir aplicación, pongan que sí. No se imaginan lo importante que sería para mí quedar entre esos 20 que va a ver la banda, sólo eso, no pido más. Gracias a todos los que gastaron unos minutitos para leer esto y votar ♥ 



viernes, 29 de julio de 2011

NaNaNa (ART is the weapon)

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Hoy salí y me compré un montón de remeras lisas para pintar y estampar. Como diseñé una remera para una competencia de My Chemical Romance [aquí lo pueden ver, la votación todavía no empezó], pienso estamparlo por más que no gane. Es lo primero que pinto con Photoshop, considerenlo. Lo que sucedió es que tenía que ser digital, por lo tanto escaneé mi dibujo y en la desesperación de querer hacer algo para mis pequeños MCR, lo pinté. Aún no puedo creerlo, jaja, no sé como lo hice.
Por otro lado, estoy tratanto de elegir mi nombre de killjoy y como no me decido por unos cuantos que inventé, puse una encuesta y me encantaría que voten :D


"Drugs, gimme drugs, gimme drugs
I don't need it, but I'll sell what you got
Take the cash and I'll keep it
Eight legs to the wall 
Hit the gas, kill 'em all
And we crawl, and we crawl, and we crawl
You be my detonator!

Love, gimme love, gimme love
I don't need it, but I'll take what I want from your heart
And I'll keep it in a bag, in a box
Put an X on the floor
Gimme more, gimme more, gimme more
Shut up and sing it with me!"


sábado, 23 de julio de 2011

The kids from yesterday: TEN YEARS OF MCR

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¿Qué sabía yo que estos cuatro chicos de New Jersey se iban a convertir en algo tan importante en mi vida cuando una mañana vi su video en la televisión?
Desde el primer momento sentí que no eran una simple banda. Ese sentimiento por el cual todos nosotros, los fans de My Chem, pasamos, día a día cuando escuchamos su música, miramos sus videos, vemos sus fotos. Me transmitieron mucho más que cualquier otra banda, desde primer instante de su video.


Desde ese momento, estuvieron siempre cuando los necesité. Por más que no compartía mi amor por esta banda con nadie más, sentía que no estaba sola. Mi vida no fue ni es fácil como todos suponen. Todos piensan que yo soy especial, que yo voy a poder con esto o aquello, que voy a soportarlo, que voy a soportar tanto odio y desprecio por años y que aún persiste. 
Ellos me comprendían. Y me ayudaron. Pero no sólo eso...


Fueron mucho más importantes ya que me inspiraron y ayudaron a expresarme, sin pensar en los prejuicios de los demás. Más específicamente, le debo gran parte de lo que soy a Gerard  y Ray.
Gerard me enseñó a aceptarme, a no darle importancia a lo que los demás decían, a ser como soy. Me inspiró tanto sus habilidades como escritor y también como dibujante, que es algo que siempre soñé ser.
Ray... qué decir. No puede tocar mejor. Me enseñó a siempre aspirar a más, me demostró que puedo lograr mucho más de lo que creo. Me ayudó a no subestimarme. Y es por ese anhelo tan grande de llegar a tocar tan bien como él que no me despego de mi guitarra cuando tengo mucho tiempo libre. 


Pero este no es un MCR Day como todos los otros... no es sólo un día en el que debemos escuchar su música. Hoy, en 2011, se cumplen 10 años de que comenzaron a darnos su música. Una década ya, y el tiempo pasó tan rápido...





Y no importa que no haya ido a su recital cuando vinieron a Argentina, porque nada de eso me alejó de ellos. 


Por eso es que hoy recurro a mi blog tan abandonado. Porque necesitaba dejar escrito lo mucho que los amo. Quería devolverles algo de lo que me dieron todo este tiempo (cosa que es imposible... ¿o tal vez no?) Espero que esto sirva por lo menos para expresar algo de todo el cariño que les tengo. 
Y me despido diciendo que estoy cada vez más orgullosa de ellos porque, no importa qué disco escuche, qué canción, me hacen sentir como la primera vez que lo hice y me siguen dando felicidad.

¡Feliz día, MCRmy! ¡Feliz década, My Chemical Romance!

lunes, 13 de junio de 2011

They don't like who you are, you won't like where we'll go

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Me siento sinceramente muy dolida por lo que pasó hoy en este blog. Sí, me refiero exactamente a este comentario. Yo, ante todo, permito la libre expresión de la gente que entra a este sitio y lee. Pero, ¿es realmente necesario venir a insultar? Porque estoy completamente segura de que ese enojo no surgió a partir de la lectura de los textos publicados aquí. Casi puedo afirmar que el que comentó eso, buscó este medio para mostrar su opinión como anónimo. Lo comprendo, a veces es escalofriante enfrentarse a la situación y decir las cosas en la cara, pero para insultar, no es necesario  tanto enigma. Porque no me importa lo que un anónimo, alguien que no se enorgullece de ser quien es, me diga. Me llamo Daniela y tengo ciertos defectos pero no me avergüenzo de ser quien soy. 
Yo no voy  a ejercer ningún control sobre los comentarios porque esa es la idea. Me gusta que la gente pueda opinar libremente. Y si es necesario soportar insultos de personas que no valen la pena, lo voy a hacer pero todo el que lee va a tener la posibilidad de comentar y juro que será así para toda la vida.
Perdón a la gente ubicada y que aprecia los sinsentidos de este blog por aburrirlos con este mero discurso, pero necesitaba descargarme.

domingo, 12 de junio de 2011

100

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Hace tanto tiempo que tengo este blog y recién ahora se cumplen las 100 entradas. No puedo creerlo, escribo muy poco, jaja. Y cómo sólo quería decir eso, me voy a retirar en este mismo momento.

P.D.: Estoy remodelando el blog. Está quedando re lindo, ¿no? :B

Never stop running

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No importa cuán enojada con el mundo esté, triste o desesperada, este hombre siempre me saca una sonrisa.

We're all thieves

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Lo único que me faltaba era que pongas mis palabras en tu boca y que intentes vivir mi vida. Si hay algo que no me agrada es que a las personas les resulte mucho más simple copiar que crear. Pero lo que importa es que yo tengo mi consciencia totalmente limpia porque no hago esas cosas y no me interesa hacerlo. Dirán que soy muy orgullosa pero prefiero quedarme con mi orgullo que con el ajeno.

We don't care about the message or the rules they make

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Estoy completamente cansada de tener que lidiar con las reglas establecidas. Las personas tenemos sentimientos que generan impulsos y no es malo guiarnos por ellos, ¿no? Eso es lo que te cuentan desde chiquito. Que hay que "seguir a tu corazón", cosa que no es cierta. Cuando alguien hace eso, la sociedad lo condena. Sí, esa sociedad que antes se enorgullecía proclamando su libre albedrío. Entonces, ¿pueden condenarme finalmente, pueden beber mi alma hasta que muera sin el más mínimo arrepentimiento? Porque no estoy dispuesta a cambiar simplemente porque los demás acepten hacerlo. 


"All the cameras watch the accidents and stars you hate
They only care if you can bleed
Does the television make you feel the pills you ate?
Or every person that you need to be.

'Cause you only live forever in the lights you make
When we were young we used to say
That you only hear the music when your heart begins to break
Now we are the kids from yesterday"

domingo, 5 de junio de 2011

¡Venganza!

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Soy la persona más malvada del mundo. Parece que planeo sentir ciertas cosas pero no es así. Pensamientos que me atormentan día a día. Gotas de sangre que caen intermitentemente marcando el bello ritmo de mi monótona rutina. Rutina que se torna dramática e ilusoria. La vida en un constante sueño y yo queriendo escapar. ¿Por qué te apareces en todos lados? ¿Por qué incluso cuando intento no pensar estás allí en mi mente? Hasta en los sueños me persigues pues he caído en el infortunio de que mi inconsciente se enamore.

lunes, 30 de mayo de 2011

Keep running

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Pensé que este medio era demasiado público para decirlo pero ya que no puedo abrir mi livejournal debido a haber olvidado los caractéres poco significativos que puse como contraseña, me veo totalmente obligada a descargarme por este pequeño sitio.
Cada día me sorprende más tu falta de interés, me irrita la manera en que me tratás y cómo privilegias a los demás mucho más que a mí cuando decís que yo soy una persona de suma importancia para vos.
Y no lloro por lo patética que soy. Lloro porque vos no estuviste ahí para tratar de convencerme de que no soy TAN estúpida.
Muchas cosas se están acumulando, desde hace tiempo. Sé que mañana exploto. No sé si para bien o para mal. Espero que la bomba no siembre una catástrofe, que es el motivo por el cual escribo. Escribo para hacer las cosas mejor. Escribo para descargar todo lo malo en las letras, tipeadas por un ser tan despreciable e incoherente como mi persona.
Monstruo aborrecible que me devora desde adentro, termina esta pesadilla ya. Quiero despertar. Ser aborrecible que apaciblemente duerme y deposita sus sueños en una cálida almohada embebida en las más terribles ficciones, ¡despierta! ¡Déja de ser tan cruel! ¡Sé que puedes designarme un mundo mejor!

domingo, 27 de marzo de 2011

The Only Hope for Me Is You

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01/02/11. Pasé mucho tiempo sin escribir acá. Y tal vez porque siempre termino recurriendo al blog cuando no me siento bien. Hoy es uno de esos días. ¿Viste cuando pensabas que todo iba perfectamente bien, demasiado para ser cierto? Nada es para siempre. Siento como todo se destruye poco a poco, siento como todo cambia. Qué ilusa que fui. Desearía no creer tu mundo perfecto. Pero es imposible para mí. Debo creerte, es necesario para mí porque mi alma está encadenada a ese mundo, ese mundo tan efímero que está a punto de desmoronarse cada segundo que pasa.

"If there’s a person I could be
Then I’d be another memory
Can I be the only hope for you?
Because you’re the only hope for me
And if we can find where we belong
We’ll have to make it on our own
Face all the pain and take it on
Because the only hope for me is you
Alone"

 

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